Libro
destacado
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LA
EQUIVOCACION DEL AMOR
María
del Rosario Ramírez
Editorial Letra Viva, Buenos Aires, Argentina,
175 páginas,
2009
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Precio
de tapa: $ 38.- pesos argentinos
Precio suscriptores: $ 34.- pesos argentinos
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El
amor y el psicoanálisis
María
del Rosario Ramírez
La
pregunta por el amor es una pregunta de interés para
todo el mundo y ha ocupado el ingenio en todas las épocas
de la cultura y del saber popular. Si pretendiéramos
consultar a los autores y textos que rozan o tocan de lleno
el tema, sería una empresa prometedora, a su vez
magnífica pero interminable. Sólo por nombrar
algunos de ellos, desde “El arte de amar” de
Ovidio, a los textos platónicos sobre el amor, la
poesía caballeresca en la Edad Media, los textos
de autores místicos, algunos de los pocos registros
que quedan de los escritos llamados herejes, los atinentes
al dogma de la religión cristiana, “La divina
comedia” y aquí o allá alguna novela
literaria, la comedia o la tragedia. A la hora de decidir
algo para decir sobre el amor nos encontramos ante esta
multiplicidad, pretendemos entonces hacer un camino más
humilde pero mejor apoyado, así ¿cuál
de sus sesgos podemos tomar?
Como el término –amor- en el título
no se encuentra sólo, el que lo acompaña va
a venir, en nuestra ayuda. ¿Podemos localizar una
respuesta unívoca en el Psicoanálisis con
respecto al amor?, seguramente no, incluso sería
difícil que haya al menos dos personas que coincidan
o respondan lo mismo. Lo que nos indica que el Psicoanálisis
no es una cosmovisión o sistema de pensamiento.
Esto último nos habilita a tomar un par de frases
de Freud, seguir alguno de los desarrollos de Lacan y de
esa manera intentar explicarnos partiendo de una pregunta:
¿existe en la enseñanza del Psicoanálisis,
en Lacan, una lógica sobre el amor que no esté
contemplada en lo que ya se ha escrito en otros campos?
Afirmamos como hecho, el Psicoanálisis es un lazo
social de discurso en el que el Eros platónico entra
en “las reglas de juego del amor” de transferencia.
Lacan hace varias declinaciones -con interpretaciones que
encontramos en diferentes contextos de su enseñanza-
de las distintas teorías como él dice, “tradicionales
sobre el amor”, haciéndolas permeables a la
consideración de las reglas de juego de la práctica
analítica, dicho de otra manera a su estructura.
La particularidad del discurso del analista es que tiene
en cuenta un lugar para el “decir”. No todas
las palabras dichas las contamos como decir en tanto lo
que lo instituye es que se trate de un acontecimiento. “El
acontecimiento está en el efecto” en tanto
en un análisis se sitúa el corte en sus diferentes
dimensiones , en tanto ese decir se dirije al saber del
inconsciente y en tanto el decir da cuenta de ese lugar
del saber. El efecto fundamental es que “ el amor
es un decir en tanto que acontecimiento”
Creo que nunca será redundante recordarnos que el
psicoanálisis, es un discurso, es la condición
que hace posible que el amor, salte allí, se articule
allí. Por lo tanto el amor va con las lecturas y
relecturas de Lacan, en sus distintos momentos , en cada
una de sus elaboraciones , comenzando por el hecho de que
es Freud quien lo ha descubierto como esencialmente enraizado
en la experiencia analítica, de donde se desprende
una doctrina del amor , muy moderna para los discursos antiguos
como para aquellos otros de los nuevos que no la tengan
en cuenta.
Desde la perspectiva mas general, el amor en los comienzos
del psicoanálisis, es la existencia misma de la transferencia.
Freud, no duda en calificarla como amor, y no establece
diferencia alguna, poque no la hay, entre ese fenómeno
artificial que llamamos transferencia, y el surgimiento
espontáneo, de ese otro llamado amor, mas precisamente
el amor-pasión, con el que es equivalente. Claro
está que desde allí el amor chocará
con el muro que es el lenguaje y por lo tanto con el obstáculo
que encuentran los sexos para cualquier idea sencilla o
rebuscada, de hacer de dos uno.
Si nos remitimos al texto de Freud , “Observaciones
sobre el amor de transferencia” , reconoce el problema
que surge cuando da cuenta de que no se puede separar los
dos términos concomitantes en el enamoramiento, el
objeto erótico, del objeto transferencial. La posibilidad
del análisis estará fundada en la sustitución
, que supone anteponer la cura a las exigencias amorosas.
Pero si a la transferencia es posible aislarla como amor
, la cuestión entonces es preguntarse por la estructura
del amor. La cosa entonces, tiene una articulación
con el narcisismo. La estructura comprende para este último
tres términos, yo, ideal del yo y Lacan agrega el
objeto “a”. Freud afirma que se ama lo que posee
el mérito que le falta al yo para alcanzar el Ideal,
introduce mediante la idealización la posibilidad
de amar. En el seminario 10 “La transferencia”
Lacan hace jugar esa interesante ligazón que plantean
los términos erastés y erómenos, extraído
de los griegos, el amante para el primero y el amado para
el segundo. Sin embargo, lo que nos va a dar la pista del
asunto es que para ambos se plantea que no se ama si no
es por la existencia de la falta ya sea porque hay uno que
no sabe “qué tiene” para ser amado, ya
sea porque hay otro que no sabe “con qué”
ama. Así Freud en las conferencias XXVII y XXVIII
sobre “La transferencia” y “La terapia
analítica” encuentra una dificultad e ironiza
cuando descubre que aquella idealización es llevada
sobre el analista y acepta hacerse objeto sin creérsela,
cuestión que en la elaboración de Lacan va
a permitir plantear uno de los operadores fundamentales
llamado el sujeto supuesto saber. Lacan reconoce de donde
ha partido, pero se pregunta por los alcances de lo que
Freud consideraba como amor narcisista, dado que el amor
si es cierto que esta relacionado con el Uno, nunca sacaría
a nadie de sí mismo. Ese “Uno” espejismo,
no es sino el Uno que uno cree ser. Hay tantos Unos como
se nos ocurra, que se caracterizan por no parecerse en nada,
tal como lo indica la primera hipótesis del Parménides
. Decimos lo que uno cree ser, por lo tanto hay algo de
lo real del ser que no llega a formarse , lo que indica
eso real, es la proporción sexual, ella inexiste
como tal, donde el lenguaje tiene la función de suplir
la ausencia de relación sexual , es decir de esa
parte de lo real. Las condiciones del amor para los dos
sexos se inscriben, existen en el lugar preciso de la inexistencia
de la relación sexual.
Las teorías tradicionales del amor dejan el objeto
en los límites del narcisismo pero Lacan tiene en
cuenta la economía del goce que se distingue de la
libido de objeto, por culpa de esa economía queda
cuestionada la juntura entre el cuerpo y la satisfacción.
Por consiguiente ¿qué lugar le es reservado
a la teoría del narcisismo en el análisis?
Por supuesto sigue teniendo lugar el amor en tanto esencialmente
narcisista, pero la práctica nos enseña que
la sustancia pretendidamente objetal es resto, causa y hasta
el elemento de su imposibilidad y de su insatisfacción
en tanto está en juego esa falta llamada deseo.
En el nudo borromeo R.S.I cada uno de los tres redondeles
de hilo, libera a los otros dos así como es imprescindible
para el anudamiento. Se trata de hacer con cada uno de ellos
medio, según se trate de lo Real, de lo Simbólico
o de lo Imaginario el que haga de medio tendrá un
papel determinante en el nudo para el tipo de amor que Lacan
analiza con ello.
Así es que define tres formas nodales de presentación
del amor : el amor cortés; el amor divino; y el masoquismo,
definición que encontramos en el contexto del seminario
XXI “Los no incautos yerran”, allí lo
real es equiparado a la muerte , lo simbólico tomado
como goce, y lo imaginario como cuerpo. El amor cortés
cuyo medio es el imaginario, por lo tanto el cuerpo, conserva
en su estructura la imposibilidad de la relación
sexual, este anudamiento del amor es una “forma refinada”
de fingir que a la relación sexual la obstaculizamos
nosotros; el amor divino desplaza el medio del lugar del
cuerpo, tiene como medio el goce pero un goce que como causa
final promete en el más allá de la vida terrenal
es lo llamado por Lacan “perversidad del Otro”
por la instalación del pecado en el origen y la consecuencia
de culpabilidad, siendo otras de las consecuencias del gobierno
del amor divino el segundo de los mandamientos bíblico
“ amarás a tu prójimo como a tí
mismo” mandamiento ante el cual -como sabemos- Freud
retrocede horrorizado. Ese desplazamiento del cuerpo operado
por el cristianismo desarticula lo real de la muerte y lo
simbólico del goce. La articulación que de
este modo queda perdida retorna en el marco del cristianismo
como masoquismo donde lo real de la muerte hace de medio
entre lo simbólico del goce y lo imaginario del cuerpo.
En cuanto a nuestra práctica es preciso que ésta
corrija ese desplazamiento: “es preciso que el Psicoanálisis
sepa que si el Psicoanálisis es un medio (en el nuevo
modo de anudamiento), es en el lugar del amor que se sostiene”
en tanto que l´(a) mour juega Lacan con las posibilidades
que le dio su lengua y hace sonar la homofonía y
podemos deletrear en la ortografía: amour (amor)
en tanto amor narcisista; (a) mur, traducimos (a-muro) indicando
la pared, el muro del lenguaje, ese incorregible malentendido
de los sexos que hace imposible hacer de dos uno y (a) moeurs
(costumbres, hábitos), “el amor es lo imaginario
específico de cada uno, lo que no lo une más
que a un cierto número de personas no elegidas del
todo al azar” donde se instalarán las buenas
y malas costumbres, pero el (a) ese resto, causa que mencionamos
más arriba habilita la diferencia de ortografía
y las consecuencias de lo que podemos leer en eso, el muro,
la pared que hay entre los amantes es el lenguaje,que aleja
cualquier idea de complemento entre los sexos.
*
El presente trabajo fue publicado por primera vez en Imago
agenda Nº 135, 2009.