Fragmentos de Entrevistas con Francis Bacon
David Sylvester
Extraído de:
David Sylvester.
Entrevistas con Francis Bacon.
Ediciones polígrafa. Barcelona, 1977
Basado a su vez en tres días de grabación y filmación
que realizó la BBC en mayo
de 1966.
La primera versión publicada,
From interviews with Francis Bacon by David Sylvester,
se incluye en el catálogo de la exposición
"Francis Bacon: Recent Paintins",
Marlborough Fine Art, Londres, marzo-abril de 1967
David
Sylvester
¿Forma parte de tus objetivos plantear y crear un arte trágico?
Francis Bacon
No. Creo, por supuesto, que si uno pudiese hallar un mito válido
hoy donde hubiese la distancia entre la grandeza y su caída, que
hay en las tragedias de Esquilo y de Shakespeare, sería una ayuda
tremenda. Pero si estás fuera de una tradición, como está
hoy todo artista, lo único que puedes querer registrar son los
propios sentimientos sobre ciertas situaciones lo más cerca del
propio sistema nervioso de que eres capaz. Pero al registrar esas cosas
yo quizás sea de los que necesitan las distancias entre lo que
solía llamarse pobreza y riqueza, o entre poder y lo opuesto de
poder.
David Sylvester
Pero hay un gran tema tradicional, mitológico y trágico,
que has pintado muy a menudo, que es la Crucifixión.
Francis Bacon 
Bueno, ha habido tantos grandes cuadros de la Crucifixión en el
arte europeo que la Crucifixión es ya un espléndido armazón
del que puedes colgar toda clase de sentimientos y sensaciones. Quizás
resulte curioso que un individuo no creyente acuda a la Crucifixión,
pero no creo que eso tenga nada que ver con el problema. Las grandes crucifixiones
que conocemos... nadie sabe si quienes las pintaron tenían creencias
religiosas.
David Sylvester
Pero las pintaron como parte de una cultura cristiana y para creyentes.
Francis Bacon
Sí, eso es verdad. Quizás no sea un tema satisfactorio,
pero no he encontrado otro hasta ahora que me haya servido tanto para
abarcar ciertos sectores del sentimiento y de la conducta del hombre.
Quizás se deba sólo a que como ha trabajado tanta gente
en este tema concreto, posea ya este armazón (no se me ocurre una
forma mejor de decirlo) sobre el que uno puede manejar toda clase de niveles
de sentimientos.
David Sylvester
Por supuesto, muchos pintores modernos de todos los medios que se han
enfrentado con este problema han vuelto a los mitos griegos. Tú
mismo, en Tres estudios de figuras para la base de una Crucifixión,
no pintaste al pie de la cruz las figuras cristianas tradicionales, sino
las Euménides. ¿Hay otros temas de la mitología griega
que hayas pensado alguna vez utilizar?
Francis Bacon
Bueno, yo creo que la mitología griega está aún más
lejos de nosotros que el cristianismo. Una de las cosas de la Crucifixión
es precisamente que la figura central de Cristo se eleva a una posición
muy destacada y muy aislada, y eso, desde un punto de vista formal le
da más posibilidades que si todas las distintas figuras estuviesen
situadas al mismo nivel. A mi juicio, la alteración de nivel es
muy importante.
David Sylvester
¿Crees que tu enfoque del problema al pintar la Crucifixión
es radicalmente distinto al enfoque que haces cuando trabajas sobre otros
cuadros?
Francis Bacon
Bueno, claro, entonces estás trabajando en realidad sobre tus propios
sentimientos y tus propias sensaciones. Podría decirse que te aproximas
casi más a lo que es un autorretrato. Trabajas sobre una serie
de sentimientos muy privados, y sobre la conducta, y sobre cómo
es la vida.
David Sylvester
Un esquema personal repetido en tu obra es la yuxtaposición de
las imágenes de la Crucifixión con el tema de la carnicería.
La conexión con la carne debe significar mucho para ti.
Francis
Bacon
Bueno, sí. Si vas a uno de esos grandes almacenes y recorres esos
grandes salones de muerte, ves carne y pescados y aves, todo muerto, desplegado
allí ante ti. Y, claro, como pintor uno capta y recuerda esa gran
belleza del color de la carne.
David Sylvester
La conjunción de la carne con la Crucifixión, parece realizarse
de dos modos: por la presencia en la escena de fragmentos de carne y por
la transformación de la propia figura crucificada en un armazón
de carne colgante.
Francis Bacon
Bueno, claro, somos carne, somos armazones potenciales de carne. Cuando
entro en una carnicería pienso siempre que es asombroso que no
esté yo allí en vez del animal. Pero el utilizar la carne
de ese modo particular posiblemente sea algo parecido a como uno podría
utilizar la columna vertebral, porque estamos viendo constantemente imágenes
del cuerpo humano a través de radiografías y eso evidentemente
altera las formas en las que uno puede utilizar el cuerpo. Conoces sin
duda ese hermoso pastel de Edgar Degas que hay en la Galería Nacional;
una mujer que se seca la espalda. Si te fijas en la parte superior de
la columna, verás que casi sale por completo de la piel. Y esto
da a la imagen un giro y carácter tal que cobras mayor conciencia
de la vulnerabilidad del resto del cuerpo que si hubieses dibujado la
columna con una trayectoria más natural hasta el cuello. Pero Degas
hace que la columna parezca salir de la piel. No sé si lo hizo
a propósito o no, pero el cuadro resulta mucho más espléndido,
porque de pronto percibes la columna además de la carne, que él
normalmente sólo pintaba cubriendo los huesos. En mi caso, estas
cosas reflejan, sin duda, la influencia de las radiografías.
David Sylvester
Es evidente que gran parte de tu obsesión por pintar carne se relaciona
con cuestiones de forma y color; es algo patente en los propios cuadros.
Pero no hay duda de que tus obras sobre la Crucifixión figuran
entre las que han hecho a los críticos a insistir en lo que llaman
el elemento de horror de tu obra.
Francis Bacon
Bueno, ellos siempre han insistido en esa vertiente del horror. Pero yo
no la percibo especialmente en mi obra. Nunca pretendí provocar
horror. Basta observar las cosas y captar las corrientes subterráneas
para comprender que nada de lo que yo haya podido hacer ha destacado esa
vertiente de la vida. Cuando entras en una carnicería y ves lo
hermosa que puede ser la carne y luego piensas en ello, puedes pensar
en todo el horror de la vida... de que una cosa viva a costa de otra.
Es como todas esas tonterías que se dicen sobre las corridas de
toros. La gente come carne y luego se queja de las corridas de toros.
Se dedican a quejarse por los toros y van cubiertos de pieles y con plumas
en el pelo.
David Sylvester
Parece ser opinión general que esos cuadros de hombres solos en
habitaciones transmiten una sensación de claustrofobia y de inquietud
que tiene un matiz de horror. ¿Tienes conciencia de esta inquietud?
Francis Bacon
No, no la tengo. Pero la mayoría de esos cuadros retratan a individuos
que se encontraban permanentemente en un estado de inquietud, y es posible
que eso se plasmase en el cua dro. Supongo que, al intentar atrapar esta
imagen, tratándose de un individuo que era muy neurótico
y casi histérico, haya podido salir eso en el cuadro. Yo siempre
pretendí expresar las cosas del modo más directo y crudo
posible, y puede que, si una cosa llega directamente, la gente sienta
que es horrible. Porque si dices algo muy directamente a alguien, aunque
sea un hecho, el otro suele ofenderse. Los hechos suelen ofender a la
gente; los hechos, o lo que solía llamarse verdad.
David Sylvester
Por otra parte, no es ni mucho menos disparatado atribuir una obsesión
por el horror a un artista que ha hecho tantos cuadros del grito humano.
Francis Bacon
Podría decirse que el grito es una imagen de horror; de hecho,
yo quería pintar el grito más que el horror. Creo que si
hubiese pensado detenidamente las causas que hacen que alguien grite,
hubiese logrado reflejar con más éxito el grito que intentaba
pintar. Porque, en cierto modo, habría tenido una mayor conciencia
del horror que producía el grito. En realidad, eran cosas demasiado
abstractas.
David Sylvester
¿Eran excesivas y puramente visuales?
Francis Bacon
Eso creo. Sí.
David
Sylvester
Las bocas abiertas, ¿quieren indicar siempre un grito?
Francis Bacon
La mayoría, pero no todas. Ya sabes como cambia de forma la boca.
Siempre me han impresionado muchos los movimientos de la boca y la forma
de la boca y los dientes. Dicen que hay en ello todo un tipo de implicaciones
sexuales, y a mí siempre me ha obsesionado mucho la configuración
real de la boca y de los dientes, y puede que haya perdido ya esa obsesión,
pero hubo una época en que fue muy fuerte. Me gusta, digamos, el
brillo y el color que sale de la boca, y siempre tuve la esperanza de
poder pintar la boca, en cierto modo, lo mismo que Monet pintaba una puesta
de sol.
David Sylvester
¿Así que podría haberte interesado pintar bocas abiertas
y dientes aunque no hubieses pintado el grito?
Francis Bacon
Sí, creo que sí. Y he deseado siempre pintar la sonrisa,
sin lograrlo nunca.
David Sylvester
Lo que siempre me ha sorprendido de ti es que cuando hablas de gente que
conoces, sueles analizar cómo han actuado, o cómo actuarían
en una situación extrema, y los juzgas en función de esto.
¿Lo haces conscientemente?
Francis Bacon
Creo que sí, aunque no tan claramente como tú lo expresas.
Pero pienso que es algo que indica, podríamos decir, las cualidades
de la gente, su comportamiento en una situación extrema.
David Sylvester
Bueno, a mí me parece que esa preocupación tuya es muy patente
en tu obra, de modo directo o implícito. Directo cuando pintas
el grito (e incluso impones el grito a ese frío Papa de Velázquez)
y la Crucifixión, y gente violentamente acoplada en camas, o figuras
aisladas en actitudes convulsivas y desnudas, inyectándose drogas
en los brazos.
Francis Bacon 
He utilizado las figuras sobre camas con una jeringuilla hipodérmica
como medio de clavar la imagen con mayor firmeza en la realidad o la apariencia.
No coloco la jeringuilla por la droga que se inyecta, sino porque es menos
estúpido que colocar un clavo atravesando el brazo, que sería
más melodramático incluso. Coloco la jeringuilla porque
quiero clavar la carne en la cama. Pero eso quizás sea algo de
lo cual he prescindido por completo.
David Sylvester
Bueno, no querría insistir demasiado en tus temas claramente dramáticos,
porque, después de todo, gran parte del arte europeo refleja momentos
de gran drama. Lo que yo considero concluyente es que cuando pintas un
hombre simplemente sentado en una habitación o paseando por la
calle, casi todos los que miran el cuadro parecen creer que se trata sólo
de una situación neutra o banal, pero que la figura está
inmersa en algún tipo de crisis, quizás una especie de premonición
de que le amenaza un hado.
Francis Bacon
Creo que me dijiste una vez que la gente capta siempre una sensación
de muerte en mis pinturas.
David Sylvester
Sí.
Francis Bacon
Entonces quizás yo tenga siempre un sentimiento de la muerte. Porque
si la vida te estimula debe estimularte, como una sombra, su opuesto,
la muerte. Quizás a ti no te estimule, pero tienes conciencia de
ello lo mismo que la tienes de la vida, tienes conciencia de ello como
del azar que decide entre vida y muerte. Y yo tengo clara conciencia de
que a la gente le sucede eso, y en realidad también a mí.
Siempre me sorprendo al despertarme por la mañana.
David Sylvester
¿No contradice eso tu afirmación de que eres una persona
esencialmente optimista?
Francis Bacon
Bueno, puedes ser optimista y no tener ninguna esperanza al mismo tiempo.
Mi naturaleza básica carece por completo de esperanza y sin embargo
mi sistema nervioso está formado por material optimista. No altera
en absoluto mi conciencia de la brevedad del período de existencia
entre el nacimiento y la muerte. Y esto es algo de lo que tengo conciencia
siempre. Y supongo que sí se trasluce en mis cuadros.
David Sylvester
Sí que se trasluce.
Francis Bacon
¿Pero más que en los cuadros de otros pintores actuales?
David Sylvester
Bueno, desde luego, hay que tener en cuenta también a los que no
hacen figura hoy. Pero yo creo que más. Y la gente parece sentir
al mirar tus figuras que están vistas en momentos de crisis, momentos
de aguda conciencia de su mortalidad, momentos de aguda conciencia de
su naturaleza animal... Momentos de reconocimiento de lo que podríamos
llamar verdades elementales sobre sí mismos.
Francis
Bacon
Pero, ¿no está compuesto siempre el arte de esas cualidades?
David Sylvester
Bueno, posiblemente sea así, por ejemplo, en Rembrandt.
Francis Bacon
Me parece que lo es en todo el arte que conozco que me ha interesado.
Bueno, espero que no estemos hablando de cosas distintas, porque es algo
que conocemos tan bien que lo leemos en todas las demás cosas,
en realidad.
David Sylvester
Bueno, no es algo que captemos contemplando un Renoir. Aunque en realidad
a ti no te interesa gran cosa Renoir.
Francis Bacon
Bueno, yo creo que Renoir hizo paisajes muy bellos. No estoy seguro de
que me interesen tanto sus figuras. Pero, aparte de eso, si se tiene esa
actitud frente a la vida que tengo yo, y que creo que probablemente tengas
también tú, se puede percibir incluso en las figuras que
parecen bañadas por esa maravillosa luz de felicidad en una tarde
de verano. Así que, en cierto modo, yo lo percibiría, creo,
tanto en Renoir como en Degas o en Rembrandt o en Velázquez. Por
supuesto en Velázquez se percibe con especial claridad. No sé
si se debe al tremendo refinamiento de Velázquez. Era, evidentemente,
un hombre profundamente refinado, que vivía en el ambiente de la
Corte y probablemente fuese el único hombre verdaderamente refinado
que había en la Corte de la época; esa era la razón
de que el Rey insistiese en tenerlo cerca de él, porque era el
único hombre que vivificaba, al menos por un momento, su existencia.
Pero en todos sus cuadros se percibe la acritud total que Velázquez
debía sentir; incluso en esos cuadros tan bellos en que las figuras
tienen esa maravillosa estructura y al mismo tiempo el colorido de un
Monet. Uno siente continuamente una sombra de vida que pasa.
David Sylvester
Pero las sugerencias de muerte en Velázquez o Degas, e incluso
en Rembrandt, no conllevan el mismo tono de amenaza que en tu obra, donde
la mayoría de la gente parece percibir que hay como una presencia
clara de violencia o una amenaza de ella.
Francis Bacon
Bueno, quizás esto tenga un motivo. Yo nací en Irlanda en
1909. Mi padre, como era preparador de caballos de carreras, vivía
no muy lejos del Curragh, donde había un regimiento de caballería
inglés, y siempre los recuerdo, poco antes de que estallase la
guerra de 1914, subiendo al galope por el camino de la casa que tenía
mi padre y haciendo maniobras. Y luego me llevaron a Londres durante la
guerra y pasé mucho tiempo allí, porque mi padre estaba
entonces en el Ministerio de Guerra, y tuve así conciencia de lo
que se llama la posibilidad de peligro desde muy pequeño. Luego
volví a Irlanda y estuve allí cuando lo del movimiento Sinn
Fein. Y viví un tiempo con mi abuela, que (en uno de sus numerosos
matrimonios) se casó con el comisario de policía de Kildare,
y vivíamos en una casa con sacos terreros y, cuando salía,
había esas zanjas que cavaban en los caminos y en las carreteras
para que un coche de caballos o un automóvil cayesen en ellas,
y había francotiradores esperando agazapados. Luego, a los dieciséis
o diecisiete años, fui a Berlín y, claro, vi el Berlín
de 1927-1928, que era una ciudad sin ley que, en cierto modo, era muy
violenta. Quizás me resultaba violenta porque llegaba de Irlanda,
donde había violencia en el sentido militar pero no en el sentido
emocional como en Berlín. Y de Berlín me fui a Paris, y
viví todos aquellos años turbulentos que precedieron a la
guerra. Así que quizás sea que me he habituado a vivir siempre
entre formas de violencia; lo cual pudo o no ejercer efectos sobre mí,
pero yo creo que probablemente sí. Aunque considero que esta violencia
de mi vida, la violencia entre la que he vivido, es diferente de la violencia
de la pintura. Cuando se habla de la violencia de la pintura, es algo
que no tiene que ver nada con la violencia de la guerra. Es algo que se
relaciona con la tentativa de reproducir la violencia de la propia realidad.
Y la violencia de la realidad no es sólo la simple violencia a
la que aludimos al decir que una rosa o cualquier otra cosa es violenta,
sino también la de las sugerencias dentro de la imagen misma, que
sólo puede transmitirse a través de la pintura. Cuando te
miro sentado a la mesa frente a mí, no sólo te veo a ti,
veo también toda una emanación relacionada con la personalidad
y demás. Y trasladar todo eso a un cuadro, como me gustaría
poder hacer en un retrato, significa que aparecería violencia en
la pintura. Casi siempre vivimos a través de velos; una existencia
velada. Y a veces pienso, cuando dicen que mi obra parece violenta, que
quizás haya sido capaz en ocasiones de correr uno o dos de los
velos, o de las cortinas.
David
Sylvester
Lo que está claro es que no pretendes explicar nada en tu pintura
sobre la naturaleza del hombre, del modo que lo hacía, por ejemplo
un artista como Munch.
Francis Bacon
Desde luego que no. Sólo intento construir imágenes partiendo
directamente de mi sistema nervioso y con la mayor exactitud posible.
No sé siquiera lo que significan la mitad de ellas. Yo no quiero
decir nada. No sé si digo algo a otras personas. Pero en realidad
no pretendo decir nada, porque probablemente me interesen mucho más
Las cualidades estéticas de la obra de lo que, quizás, le
interesaban a Munch. Pero no tengo ni idea de lo que un artista intenta
decir, salvo los más superficiales; yo puedo imaginar lo que intenta
decir Füssli y pintores parecidos.
David Sylvester
Quizás la tendencia a interpretar tu obra considerando que dice
algo, proceda de que a la gente le gusto buscar y encontrar en la pintura
una historia y andamos más bien escasos de histories en el arte
de nuestro tiempo, así que, cuando se encuentran con un arte como
el tuyo es una gran tentación urdir historias.
Francis Bacon
Sí, seguro que es eso.
David Sylvester
Pasaba alga parecido con Giacometti; la tendencia a interpretar sus figuras
como hombre existencial.
Francis Bacon
¿Y qué opinaba él de eso?
David Sylvester
Le parecía una tontería. Decía que él sólo
intentaba copiar lo que veía.
Francis Bacon
Exactamente.
David Sylvester
Por otra parte, no estaba sólo copiando lo que veía. Estaba
en realidad, cristalizando sentimientos muy complejos sobre el acto de
la visión, especialmente el acto de mirar a alguien que a su vez
está mirándote. Quizá tú me dirías
que crees que tu pintura trata de algo más que de la apariencia.
Francis Bacon
Trata de mi tipo de psique, trata de -lo expreso de un modo muy agradable-
de mi tipo de entusiasta desesperación.

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