BIBLIOGRÁFICAS

-Comentarios de textos-

A cargo del Lic. Jorge Pinedo.


HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL
Peter Burke / Traducción Horacio Pons
Amorrortu Ed., Buenos Aires, 2008

River-Boca de las ciencias sociales, la competencia entre historiadores y sociólogos suele dirimirse mediante lugares comunes, muchas veces groseros. Los primeros juzgan a los segundos como tipos “que enuncian lo obvio en una jerga bárbara y abstracta, carecen de todo sentido de lugar y tiempo, encasillan sin piedad a los individuos en categorías rígidas y, para colmo, describen estas actividades como ‘científicas’”. A su turno, los sociólogos ven a los historiadores al modo de “recolectores de hechos, aficionados y miopes, sin ningún sistema, método o teoría, y estiman que la imprecisión de su ‘base de datos’ sólo se compara con su incapacidad para analizarla”. Al recuperar la compostura, tirios y troyanos caen en la cuenta de que tamaña división se sostiene únicamente en las tradiciones académicas, pues los títulos de los estudiantes deben decir algo. Por fortuna, hoy por hoy la rigidez de esas disciplinas se ha diluido en el caldo interdiscursivo aportado por la antropología, la lingüística, la semiología, la economía, la psicología, la crítica literaria, la filosofía, en fin, hasta la topología y la geografía. Renovadas brisas que hicieron a estas ciencias despegarse del corset universitario y pasar a definirse por los respectivos marcos teórico-metodológicos: prepotencia de producción, diría Roberto Arlt.
Ya de acuerdo en que es tan buena idea interiorizarse en cómo funciona una sociedad, como la manera en que se escribe su devenir, el catedrático se Sussex y Cambridge Peter Burke, sistematizó disyuntivas y convergencias a principios de los ’60. Ensayo convertido rápidamente en libro de texto, aquel pionero Sociología e Historia resignificó la labor de los especialistas, pateó traseros y abrió puertas. Casi medio siglo después, con la oleada interdisciplinaria, otra vez todo volvió a dejar de ser lo que era y Burke se lanzó a actualizar su obra clásica. Más desenfadado y suelto de cuerpo, se percató que no bastaba con una revisión, de modo que escribió otro libro, éste Historia y Teoría Social que, con cinco años de demora, arriba a estas playas. Una bicoca la tardanza si se revisa la profusa bibliografía que Burke comenta y que por aquí no se conoce ni de mentas. Lo que hace a esta obra tanto “una guía de conversación introductoria” como “un juego básico de herramientas adecuadas para algunos de los errores básicos en el análisis...”. En la cresta de la ola se ponen en cuestión conceptos vapuleados por el sentido común, naturalizados por los mass media, cuando no naturalizados por las craneotecas orgánicas del establishment: comunidad, identidad, clase, estatus, capital, movilidad, intercambio, centro, periferia, desarrollo, poder, corrupción, ideología, sociedad civil, público, privado, transculturación, sincretismo, mito, memoria, cultura, su ruta...
No menos detestado por la caverna historiográfica conservadora que por la ciénaga sociológica interaccionista del todo-tiene-que-ver-con-todo, Burke abona tales animosidades al sostener, sin ir más lejos, que la ciencia social participa “como los novelistas y los poetas, en la actividad de la ficción; en otras palabras, también ellos son productores de ‘artefactos literarios’ de acuerdo con reglas de género y estilo (sean concientes de estas o no)”. Simpáticas provocaciones que no obstante nada le restan a la seriedad del desarrollo. Por el contrario, le habilitan incluso a tomar posición: tras simplificar –adrede, a los fines ejemplares- las dos principales corrientes teóricas en los evolutivos y los partidarios del conflicto (donde hace del nombre de autor, sustantivo: Spencer y Marx) propone una “tercera vía” a la Blair: “...lo más útil es ver la relación entre cultura y sociedad en términos dialécticos, y considerar que una y otra son a la vez activas y pasivas, determinantes y determinadas. De un modo u otro, la construcción cultural debería verse como un problema y no como un supuesto...”. Lo que se dice: (re)nace un clásico. Colabora la traducción de Horacio Pons.

 

EN TORNO A LOS LIMTES DE LA REPRESENTACIÓN. EL NAZISMO Y LA SOLUCIÓN FINAL
Saúl Friedlander (comp.)
Universidad nacional de Quilmes, Bs.As., 2007

Holocausto, Solución Final, Shoá, judeicidio, exterminio, genocidio, y tantas otras expresiones no alcanzan para abarcar la extensión y profundidad histórica de lo cometido por los nazis contra los pueblos judío, ruso, gitano; discapacitados, homosexuales, en fin, diferentes. Ese (¿cómo llamarlo?) acto se hace paradigma tanto de todo hecho similar anterior (europeos contra pueblos americanos originarios, turcos contra los armenios, japoneses contra chinos y van...) como posterior (Videla, Pinochet, Milosevic, Bush, etc.). Los efectos de la masacre en las víctimas (que van de los individuos directamente implicados a las sociedades que los contienen) así como las lógicas materiales e ideológicas de los victimarios siguen siendo estudiadas por la sociología, antropología, lingüística, historia, semiología, psicoanálisis, epistemología; es decir, diseccionada de modo de abarcar mecanismos que sirvan al modo de fusibles, advertencias, anticipaciones; nunca naturalizantes ni legitimizaciones.
Tarde (tres lustros) pero seguro, la Universidad Nacional de Quilmes trae uno de los trabajos teóricos tan clásico como fundamental que precisamente explora los marcos de producción e interpretativos determinantes en los relatos y estudios sobre lo que Peter Haidu –uno de los más lúcidos participantes del proyecto- en su análisis del discurso de Himmler da en llamar, en una propicia solución de compromiso, el Suceso. Junto con La destrucción de los judíos europeos de Raoul Hilberg (que demoró 44 años en traducirse al español) los dieciocho ensayos reunidos dentro de En torno a los límites de la representación. El nazismo y la solución final, constituyen un arco referencial fundante en la reflexión de una temática que –notablemente, como lo destaca en indispensable prefacio de Alejandro Kauffman- ostenta una marcada desproporción entre las publicaciones testimoniales y los ensayos científicos. De la mano del historiador Saul Friedlander (Praga, 1932), el volumen convoca especialistas abocados a incursionar en ese terreno inefable allí donde guardan “una relación directa con la forma en que la cultura contemporánea remodela la imagen del pasado”. Con la generosa amplitud del sobreviviente, Friedlander impulsa un ciclo académico con expresiones de gran diversidad, incluyendo opiniones que el compilador no comparte, y las convierte en un documento que da varias veces la vuelta al mundo en sus sucesivas traducciones. Ciencia, ética, producción artística, se anudan en la disección de las conceptualizaciones judiciales, parámetros historiográficos, narrativa, crítica a los trabajos clásicos de Apel y Habermas, alternativas epistemológicas, efectos traumáticos, crímenes médicos, manifestaciones cinematográficas, recortes ideológicos, la poesía de Celan, la dialéctica de des-subjetivación, en fin, todas o casi todas las perspectivas que a su vez abren nuevos senderos de investigación.
Constreñida entre la “banalidad el Mal” de Hanna Arendt y la imaginaria proscripción de hacer poesía después de Auschwitz (en rigor T.W. Adorno jamás hizo tamaña afirmación sino “... después de Auschwitz, escribir un poema es algo barbárico...”, lo que es muy distinto) la exploración sistemática del Suceso cayó en una suerte de paralización fóbica que solo despertó con la generación de las nuevas nacionalidades tras la caída del Muro de Berlín. La compilación propulsada por Freidlander es el hito inicial para todo aquel que jamás confunda relato testimonial con explicación.

 

 

 

 


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